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En defensa de la sierra de Perijá y los derechos de las comunidades indigenas del estado Zulia, Venezuela

 

Los Hijos de la Piña

¿Quiénes son los Barí?

…Al principio todo era oscuridad y montañas. Sólo Sabaseba vivía y trabajaba para hacer la tierra llana y habitable… por tener hambre de tanto trabajar Sabaseba en varias oportunidades abrió piñas amarillas para comérselas. De cada piña amarilla nacieron un hombre, una mujer y un niño Barí. De las más grandes, cuando Sabaseba las partió por la mitad, salió una familia de cada lado… *Sociedad Homo et Natura

Los Barí son un grupo indígena amerindio de filiación lingüística Chibcha, al igual que sus vecinos los Yukpa, éstos de filiación Caribe, En su pasado inscriben más de 450 años de resistencia cultural y de defensa de su ancestral territorio. Hoy están ubicados, en Venezuela, al occidente de los Municipios Machiques de Perijá y Jesús María Semprún del Estado Zulia.

Los Barí son hombres de selva, de ella dependen físicamente. Su sociedad y su creación cultural simbólica se enmarcan en ambientes de selvas, de ríos, montañas, cuevas y de los cielos de estas selvas y en las regiones aledañas. Los Barí nunca han vivido en las altas montañas de la Serranía de Los Motilones, una de las estribaciones montañosas de la Cordillera de Perijá o Sierra de Perijá, brazo occidental final de la disyunción donde termina la Cordillera Andina , la más larga del mundo, de 8000 Kms.

En Venezuela los Barí ubicaban sus viviendas comunales desde tierras no anegadizas cercanas al Lago de Maracaibo hasta los valles ubicados entre las montañas de la Sierra de Perijá a alturas promedio de 600 metros (Beckerman, 1978). Hoy sus 72 comunidades, están ubicadas en el Valle de Abusanqui, entre la Serranía de los Motilones, al Oeste; y desde el sur del río Santa Rosa, con la comunidad Kukdayí, al norte, hasta el norte del río de Oro, con la comunidad Bokshí, al sur. Otras comunidades están ubicadas en el piedemonte, al lado este de la Serranía de Abusanqui, entre los mismos ríos antes nombrados; y algunas en tierras llanas donde están ubicadas las haciendas, a ambas márgenes de la carretera Machiques-Colón, entre el río Santa Rosa y río Catatumbo.

Los lingüistas han ubicado a los distintos grupos étnicos hablantes de variantes lenguas Chibchas en una macrofamilia lingüística denominada Macro-Chibcha.

Pobladores del Lago de Maracaibo

Los estudios científicos realizados indican que los distintos grupos indígenas que poblaron la Cuenca del Lago de Maracaibo, por ende la Sierra de Perijá en su vertiente tanto venezolana como colombiana para el momento de la llegada de los europeos, eran de origen Chibcha, Arwak y Caribe. En este estudio se incluirá por sus intrincadas relaciones sociales e históricas a pobladores amerindios que se ubicaron en las adyacencias de dicha cuenca.

Todo parece indicar que grupos Arwak fueron los primeros pobladores de las riberas del Lago de Maracaibo, seguidos por el empuje posterior de los Caribe que los desplazaron hacia la entrada del Lago, parte de sus riberas y la Península de la Guajira.

Los Chibchas por su parte ocuparon la Sierra Nevada , las tierras planas que bordean la Sierra Nevada , todo el Valledeupar; desde casi Riohacha hasta el río Magdalena (Gutiérrez, 1992), la Sierra de los Motilones y la cuenca del río Catatumbo (Beckerman, 1978) y Santa Ana. Los Caribes, de llegada más reciente, las riberas sureste del Lago de Maracaibo, una pequeña franja de tierras planas de Valledupar “específicamente el sector comprendido entre la Paz y Rincón ( La Jagua del Ibirico) y entre la cordillera de Los Andes (Perijá) y el río Cesare” (Gutiérrez, 1992), la Sierra de Perijá al oeste de las ciudades Machiques y Rosario de Perijá (Alcacer, 1962).

Datos arqueológicos y etnográficos parecen indicar que los Chibchas de Santa Marta y Sierra de Perijá, se desplazaron desde los Andes Colombianos. Pero en este lugar “yace un antiguo substrato que muy probablemente corresponde a grupos arawk” (Reinel, 1946).

Según estudios lingüísticos el filum Caribe hace unos 5000 años era un grupo lingüístico bastante homogéneo pero hace unos 49 siglos comenzó una diferenciación interna cuando se inició su dispersión (Swadesh, 1960 en Ruddle y Wilbert 1983). Según Lathrap el “antiguo asiento de los Proto-Caribes pudo haber estado en las tierras altas de Guayana, o bien en una zona adyacente a lo largo de la ribera norte del Bajo Amazonas (Lathrap, 1970 en Reddle y Wilbert, 1983) y se cree que siguieron una dirección norte a noroeste”.

Organización social

La sociedad Barí está muy bien estructurada y organizada. Los distintos grupos aliados y familiares que convivían en un bohío colectivo o que conviven en una comunidad organizan sus tareas cotidianas más importantes bajo la dirección de varios jefes. Pero cada grupo social reconoce la dirección general de un sólo jefe, el Ñatubai. El arquitecto o el que dirige la construcción de la casa comunal o el que hoy funda una nueva comunidad es el jefe, el ñatubai. Los otros hombres se agrupan de acuerdo a otros jefes, que desempeñan determinadas labores en la estructura de la vivienda. Según Castillo (1989).

Ñatubai es el jefe del bohío o de la comunidad. Cuando todos los Barí vivían en bohíos colectivos, el ñatubai era quien ubicaba el palo o viga central que atraviesa todo el bohío desde arriba, como sostén principal del cual se soporta toda la estructura. Ocupaba junto a su familia el primer sitio a la izquierda de la puerta de entrada. El ñatubai era quien escogía a cuatro hombres de su confianza para construir el bohío, a saber, Abyiyibái, segundo jefe de la construcción, ubicaba el palo que sostenía las partes laterales de arriba. Se situaba junto con su familia en el primer sitio a la derecha. Hoy es el segundo jefe de la comunidad. Ibáibaibái, tercer jefe, ubicaba el palo que sostenía las partes laterales más pequeñas. Se situaba junto a su familia al lado del ñatubai. Actualmente existe en algunas comunidades un tercer jefe. Atakyiromínaibáibai, cuarto jefe de la construcción ubicaba los palos laterales más abajo. Akschayiromínibabái, el quinto jefe de la construcción, ubicaba los palos que rodeaban al bohío por dentro, donde iban guindando los chinchorros.

Ñatubai es un jefe no impositivo y ni autosuficiente, todo lo contrario, es un jefe que busca el consenso e interpreta la voluntad e intereses del grupo social. No busca ningún beneficio personal, todos sus actos van en función de buscar el bienestar de todas las familias, respetando las decisiones que son estrictamente de orden individual casi se confunde o es subalterno con respecto a lo social y colectivo.

Táisaibái es el jefe de pesca, es quien escoge el día, la hora y el lugar en un diálogo amistoso con el resto de los hombres de la comunidad. Dunkunamái es el jefe para organizar el maratón o carrera (dunkú) de los hombres y niños varones de regreso al río hasta la comunidad. Se le llama también Iddónomái.

Duruscháisaibai, es el jefe de la cacería y junto con los grupos de cazadores escoge, lugar, día, hora y forma. Dobosáisaibái, es el jefe encargado de organizar la hechura de nuevos conucos y de sus limpiezas. Esta función hoy ha desaparecido y es asumida unifamiliarmente.

Dónamai es el jefe encargado de organizar la construcción de nuevos caminos y de la limpieza posterior. (Castillo, 1989).

Hoy, las nuevas relaciones interétnicas y las establecidas con las instituciones del Estado han determinado al interior de la sociedad Barí la necesidad de crear nuevas formas de liderazgo y de organización. En un primer nivel se encuentran los jefes de deportes, los jefes de alumnos, en algunas escuelas escogido entre los estudiantes, y los jefes de ganadería.

En un segundo nivel se ubican los que ocupan cargos de promotores indígenas, maestros (ME), enfermeras (Sistema Regional de Salud), Promotores Culturales (Secretaría de Cultura), Promotores Deportivos (Irdez). Un tercer nivel el cual se relaciona con la creación de dos Organizaciones No Gubernamentales (ONG´s) como la Asociación de Comunidades Bari-Motilón de Venezuela Asocbariben y Bokshibika.

Familia y Matrimonio

La familia es el núcleo fundamental de la sociedad Barí, en ella está basada la producción y la socialización del grupo. Está constituida por padre, madre e hijos, tal como está representado en sus mitos de origen: ..Sabasëba vino de donde se pone el sol para trabajar la tierra y dejarla toda llanita ... Se sintió cansado y partió una piña amarilla que estaba muy grande, de una mitad salió hombre, mujer y niño, de la otra hombre, mujer y niño ... todos Barí (Benito Askerayá).

Este núcleo casi siempre está acompañado por los abuelos y tíos. Cuando se vivía en bohíos colectivos que variaban entre 50 y 150 personas, cada familia extensiva ocupaba un lugar determinado en el bohío. Ahora cada familia ocupa una casa unifamiliar en la comunidad.

Para el Barí, una familia se conforma cuando por voluntad se unen un hombre y una mujer. Es el joven Barí quien toma la iniciativa y se dirigía a los padres de la muchacha, siempre con el consentimiento previo de ella. Todo hombre para optar a tener mujer debe ser presto al trabajo y ser obyiba, nunca sádoyi. Por poseer un sistema patrilineal, filiación unilateral paterna, se consideran relaciones incestuosas las que culturalmente son familias, es decir: los hijos e hijas, los hijos de sus hijos, pero no los hijos o hijas de sus hijas, sin limitaciones ascendentes o descendientes. Todos los hijos o hijas de sus hijos se emparentan con la generación del padre, sea en línea ascendente o descendente y sin limitación alguna temporal, entran a formar parte de dicha familia extensa o grupo familiar: son considerados como parte integrante de un mismo tronco familiar. De allí que el matrimonio entre primos paralelos está prohibido, son relaciones incestuosas: uniones sexuales ilegítimas entre personas culturalmente consideradas como parientes genéticos.

De lo anterior se desprende que para la sociedad Barí es legítima una unión entre un hombre con la hermana de su madre (bamashi) o con la hija del hermano o hermana de su madre (shiaká), pero es ilegítima la unión con la hermana del padre (shí) y con la hija del hermano o hermana del padre (sariaiká). Asimismo, es legítima la unión entre una mujer con el hermano de la madre (shiadakú), pero no con el hermano del padre (baingchú) ni con el hijo del hermano o hermana del padre (baingchú).

Para los Barí quien viole el tabú del incesto, tanto la vivienda, como por donde va caminando la persona, se hunde la tierra en el agua, pues Karima la va cavando desde adentro o un rayo lo matará, lo mordería una serpiente, se lo comería un tigre o enfermaría de fiebre. Todos los Barí aseguran que en el bohío Tanakanikae, más allá de la comunidad de Yera, Karima hizo hundir el bohío, todos los Barí murieron ahogados.

El acto del matrimonio Barí no lo acompaña ningún rito especial, bastaría que el joven guindase su chinchorro (bo) al lado del chinchorro de la muchacha (Uroxilocal).

El matrimonio más común entre los Barí es el monogámico, pero también es permitido el poligámico, en su forma de poliginia, muy en especial el sororato: la unión de un hombre con dos o más mujeres, hermanas entre sí, pues de esta forma hay más armonía en el núcleo familiar. Cuando se da este tipo de matrimonio, la mujer de mayor edad se encarga de cuidar y educar a los niños, la segunda de cocinar y arreglar la casa y la tercera de limpiar el conuco, acarrear la leña, buscar el agua al caño. Mantiene la mayor sexualidad con el hombre.

La sociedad Barí acepta el matrimonio abierto (kañagbaitán asindayá) o a prueba, si no resulta la unión, sin mayores trastornos, se disolvía, y el matrimonio cerrado (kañagbaitán burik) o estable y duradero. (Castillo, 1989).

Cuando la mujer salía preñada se lo comunicaba primero a su mamá y por algún tiempo se lo ocultaba a su marido, a partir de ese momento debía guardar todas las restricciones que Sabaseba había enseñado al respecto desde los tiempos de los Saimadoyi: no dormir atravesada en el chinchorro (nacía el niño atravesado), no dormir mucho (nacía el niño aribká: bobo), no mirar sangre ni culebra (podía morir el niño), asimismo, no podía comer topocho (el parto sería lento), ni plátanos ni cambur dobles (nacían gemelos), pepa de monte (podía morir el niño), tampoco podía comer nutria -durkbá- (sus espinas (huesos) perjudicaban al niño). (Castillo, 1989).

En el momento del parto se acostumbraba acompañarla al monte la madre, la hermana y otras dos mujeres, paría en cuclillas sobre hojas de bijao. Agarrada de un palo del monte, y sostenida fuertemente por la cuñada, las mujeres le daban masajes en el vientre para ayudar al niño a salir, con un pico de un pájaro (pato de agua) o con una hoja cortante era seccionado el cordón umbilical, lo anudaban con un bejuco apropiado y la placenta se envolvía en hojas de bijao y se enterraba (Castillo, 1989) o se metía en la base de un árbol ya caído. Algunos Barí afirman que esto es necesario para que el niño tenga bosobokú (alma) y respire. El niño se limpiaba con agua y se lo daban a la madre quien lo envolvía en un dukdú (falda de algodón) y caminando volvía al bohío. Hoy en día las mujeres siguen pariendo en cuclillas, sostenida por un mecate o sostenida por el chinchorro tomándolo con los brazos desde atrás, es lo que se conoce como parto vertical, método éste planteado como una innovación por los países europeos para evitar traumas en el niño al momento del nacimiento, pero que muchos pueblos han practicado desde hace siglos.

Al pasar algún tiempo se le da un nombre al niño, ejemplo el nombre de un árbol, fruta, animal, fenómeno natural, etc. Al entrar a la adolescencia se le daban dos nombres, uno secreto que sólo conocían los padres y quizá un aliado muy íntimo y otro social por el cual era llamado. Desde la llegada de los misioneros, en julio de 1960, los Barí tienen nombres criollos y los apellidos son los nombres anteriores de sus padres, a veces el segundo nombre es aquel que le dieron sus padres y con el cual es conocido en la comunidad, por ejemplo: Benito Araktisó, Askerayá.

La crianza del niño está a cargo de la mujer casi hasta los tres años, la madre amamanta a su hijo, casi a toda hora lo lleva en brazos dándole de mamar. Si es varón, como a los cinco años acompaña al padre a ejecutar algunas de sus labores: ir al conuco a sembrar, hacer arco y flechas, participar con él en la pesca. La madre lleva a la niña a limpiar el conuco, a traer la leña y el agua a la casa, a elaborar cestas (iddá), esteras (chidda), a participar con ella en la pesca comunal, lavar la ropa, etc. La educación tradicional tenía tres etapas: de cero (asium) a cinco (asahi/ashá), de cinco a trece o catorce (atraikBarí/tukbama), de quince (dakú/aiká) a veinticinco (atáida/bió). En la primera etapa se adquiere el lenguaje y algunas normas sociales, en la segunda las responsabilidades de acuerdo a la división del trabajo y en la tercera ya el Barí está apto para establecer alianza para la formación de nuevas familias y asumir liderazgo social. A partir de la década de los años 70 se introdujo la educación formal por intermedio de los padres capuchinos.

El trabajo

Los Barí trabajan de acuerdo al comportamiento de la naturaleza. En likarí (invierno) entre los meses abril y junio hay lluvia. Es la época de las flores y abejas. Los Barí cazan mamíferos como picures, monos, dantas. En shikani (verano), tres semanas del mes de julio, es la época donde los Barí recogen aguacate, cortan caña brava para hacer flecha, deforestar y quemar para sembrar yuca, piña, plátanos y cambures. Van a las cuevas a cazar guacharos. En likarí (invierno), que ocuerre entre los meses de agosto y noviembre, los Barí cazan picure y danta principalmente. En asókbarirí el verano entre los meses de diciembre y marzo, en enero están cluecas las aves y los mamíferos preñados. En marzo hay huevos de guacharos y por estar los ríos con poca agua, los Barí hacen kiró, represan el río o caño, para pescar y van de visita a otras comunidades. En épocas pasadas servían dichas visitas para intercambiar parejas y hacer por tanto fiestas (cantos e intercambio de flechas y faldas), las mujeres hacen cabuya y los hombres tejen chinchorros (bi), también se caza y se agarran los pichones de los animales para criarlos.

Parentesco Barí

La vida social Barí está regida por los vínculos sadoyi y obyiba. Estas relaciones de parentesco institucionalizan respecti-vamente las alianzas de hermandad y matrimoniales, necesarias para la pervivencia cultural y la reproducción biológica del grupo. La relación para los niños, especialmente para las niñas, se definen a través de la filiación patrilineal. Según Sarmiento (1985) la alianza sadoyi estipula dos tipos de lazos a partir del ego: adscritos y adquiridos: Los lazos adscritos (consanguíneos) son los lazos de genitaridad o ascendentes: padre, madre, descendientes: hijos e hijas y lazos de hermandad: hermanos y hermanas. Prohibida la cohabitación sexual. Los lazos adquiridos no son vínculos de sangre o hermandad o genitaridad, son adoptados: los niños consanguíneos o que no han perdido a sus padres, hermandad sadoyi: adquirida a través de un pacto de hermandad, con hombres externos recién llegados al bohío o comunidad, aunque no lo conocieran, para que fuese llevado por un cazador residente, éstos debían demostrar habilidad y destrezas en los asuntos o roles propios de los hombres y con los cazadores de un mismo bohío o comunidad para proporcionarse un apoyo mutuo: es una forma de adoptar un hermano para hacerlo más hermano. Prohibida la cohabitación sexual.

La categoría obyiba tiene un sentido diferente. La entrega de mujeres, es decir, la constitución de un hogar ya que un hombre entrega a una hermana o hija. Estas uniones matrimoniales determinan, no sólo la entrega de mujeres sino las relaciones políticas dentro del grupo. Las jerarquías locales. Cada individuo en estas relaciones obyiba, cristaliza la vida en cada comunidad, en el campo, los ríos y las montañas.

Antes en cada bohío comunal, ahora en cada comunidad, los hombres se dividen en dadores (primera generación) y receptores de mujeres (segunda generación). Esta relación pasa por varias fases o ciclos: una primera fase tiene que ver cuando los grupos locales originarios de hombres entregaban sus mujeres (segunda generación: hermanas o hijas) a un grupo exógeno a través de la alianza. Al morir este grupo consanguíneo originario, el control lo toman los grupos receptores o dependientes, los cuales pasan a dominantes y dadores entre las visitas de otros grupos y por fisión surge la creación, antes de otra casa comunal, hoy en día de la fundación de otros espacios o comunidades o el crecimiento de la comunidad por la construcción de nuevas viviendas.

Por ser patrilineales se cede mujer (hija o hermana) al hermano de mi madre o aliado de mi padre.

Se establece una diferencia entre cohabitación temporal y el intercambio de mujeres. Al morir un hombre, la viuda pasa a ser mujer del hermano del muerto, o si no, de otro hombre.

La alianza sadoyi (intercambio de mujeres) sirve para resolver la relación entre lo particular (los hogares) y lo general (la sociedad). Con la fisión de los hogares, la sociedad se dinamiza y rompe con la inercia.

Cosmogonía:

Según su cosmogonía, los Barí consideran que ellos provienen de las piñas amarillas, cuando Sabaseba en varias oportunidades las abrió para comérselas por tener hambre de tanto trabajar para hacer la tierra llana y habitable. De cada piña amarilla nacieron un hombre, una mujer y un niño Barí, de las más grandes salió una familia de cada lado cuando Sabaseba la partió por la mitad Al principio todo era obscuridad y montañas. Sólo Sabaseba vivía y trabajaba para hacer llana la tierra.

Los otros grupos humanos, sus enseres y sus animales nacieron de las cenizas de Sibabió, viejecita que fue quemada con palos por su hijo por haber matado y comido a uno de sus nietecitos. De las cenizas esparcidas surgieron dichos personajes, así como también los animales de la selva: la danta, el tigre, el oso frontino, culebras, cochino de monte, monos, etc., y otros seres míticos que le hacen daño a los Barí : Labiddú, Shumbrada, Taibabióyi, IschigBarí, Sitbayí, Uáiba, etc.

En los primeros tiempos Sabaseba, quien había venido de donde sale el sol, vivía con los Saimadoyi, primero Barí, pero se fue para siempre al ser rechazado por un Barí que mintió para que no se quedase en el bohío a vivir con una mujer Barí que él también pretendía. Sabasëba es quien les enseña a los Barí directamente o a través de algunos Saimadoyi el saber y la cultura; les enseña y ordena a Kassósodóu que le enseñe a los Barí a hacer sus casas comunales de palma (Soaikae), a Kokebadóu a hacer que los peces suban por los ríos a la Sierra de Perijá para que los Barí puedan pescar y alimentar a sus familias. Enseña a Nunschundóu a hacer y los vestidos para los Barí; tarikbá (guayuco) y dukdú (falda), a cultivar y a limpiar los conucos en común, a Ourundóu a hacer fuego (karé), a cazar, a elaborar todo tipo de flechas: (chi, dokué, sakba y karadoksá), arco (kari) y a construir ollas de barro (barandankú), a Dababosá a asistir a la mujer en el embarazo y en el momento del parto, a parar la hemorragia y a cuidar del recién nacido.

Sabaseba ordenó también a uno de los Saimadoyi, a Ñandóu a que hiciera las veces de sol con una cinta en su cabeza con plumas de dos clases de tucán para que alumbrara la tierra; y a unos seres míticos, a Kaschiba y NondaschiBarí a que subieran a los bohíos a desviar los rayos en tiempos de tormenta para que los Barí no murieran. Sabaseba para castigar a algunos Barí los transformó en: karika (arditas), sagbá (lapa), schugscha, boró (monos), taimbiribí (pajaritos), etc.

Sabaseba y Kokebádóu tumbaron árboles y de ellos nacieron los ríos y de las cortezas los peces. Totubí (las estrellas) son las luciérnagas que Sabaseba recogió en la tierra y las pegó en el cielo. El bikogdo (arco iris) sale de dos personas que subieron rápido al cielo pintadas con achote de distintos colores. Uno era un Barí cazador que había matado a un oso grande y el otro la persona que había nacido de la sangre cuajada del oso. Biddari (los truenos) son personas negras con hermosa melena negra y ojos y dientes blancos. Estos utilizan, con hermosa melena negra y ojos y dientes blancos. Estos utilizan, cuando se enojan, unas lanzas largas fuertes y afiladas contra la tierra y los Barí. Cuando bajan lo hacen en forma rápida haciendo ruidos estrepitosos, no así cuando suben. Los truenos llevan cabuyas largas y cortas colgando que cuando chocan con la tierra producen Dibadá (los relámpagos) y como lleva caña brava amarrada atrás prende de fuego a los montes y a los Barí. Los Barí también consideran a Ñankú (los terremotos) como personas que visten y tienen corotos como los hombres blancos (labbadó) y como ellos, vienen del oriente. Daiká (la lluvia) se produce cuando una viejecita que habita en las nubes deja derramar sobre la tierra unas totumas que tiene llenas de agua. Esto también fue ordenado por Sabaseba. Borobá (las nubes) son el humo espeso que sale de los fogones por los techos de las casas de los Taibabióyi que viven en el fondo de los ríos. Chibáig (la luna) es una mujer que andaba en tiempos de los Saimadoyi, desnuda, los Barí querían enamorarla pero no podían porque era muy fría. Desde entonces anda sola por el cielo sin familia. Cuando hay luna llena es porque tiene un sombrero grande como el sol o no tiene menstruación y cuando se ve chiquita es porque tiene un sombrero chiquito o está en menstruación. Sabaseba le ordenó que saliera desde el atardecer por donde sale el sol y por la mañanita se mete por donde se oculta el sol, por debajo de la tierra, cuando está muy fatigada descansa profundamente y es por esa razón que no se ve en algunas noches.

El universo Barí

Según Castillo (1989), apoyándose en los pioneros estudios de Villamañan, los Barí conciben el espacio dividido en varios niveles:

Ithá (la tierra): para los Barí la tierra es como una plataforma amplia que va cerrándose (saliente y poniente) y se une con el cielo. Existe desde siempre. Cuando llegó Sabaseba, de donde nace el sol, se encargó de transformar algunas montañas en llanos y al tumbar árboles salió agua. De esta forma se hizo apta para vivir. En la tierra viven: los Barí, los yukpa, los wayúu, los labaddó, los labiddú, los IchigBarí, los Uáiba, los Nischú, los Ñankú, los Bamigdá, los Akabó y los Okachikbá.

Baíra Biascha Barún: Debajo de la planicie de la tierra hay pura agua. En las cuevas y debajo de las aguas existe otra gente distinta a los Barí: Shumbrába, Sitbayi, Karima, Taibabióyi y Ninchú

Saba: Es la región de los vientos suaves, entre la tierra y las nubes. Viven los seres que protegen a los Barí de los rayos y de labiddú respectivamente. Los Nadaridóú: Kaschiba y Nondaschiba y los SirogdobóBarí : Tokuáiba, Saniaiba y Sokdoaiba.

Borába, es la región de las nubes, allí se refugian algunos seres que vienen de más arriba. No habita ningún ser en especial. En Kokdá Sabá, tampoco habita ningún ser. Es la región de los vientos fuertes, con agua y frío intenso. Allí se forman los aguaceros y las grandes tormentas. Barún, es una región que está por encima de las nubes y de los vientos. Es azul, pintado por Sabaseba. Es plano por arriba y ovalado por la parte de abajo, hasta juntarse con los extremos de la tierra. Es semejante a la tierra, hay montañas, llanura, ríos, árboles, animales, etc. Esta región se sostiene gracias a unos troncos anclados en la tierra (Ithá), es como un soaikaek. En ella habitan: los Basunchimba, los Saimadoyi y Totubi.

Barúnnora, es la región más alta y por ello más lejos de la tierra (Ithá). Es como una llanura inmensa, completamente serena y con vientos suaves. Allí habitan: Sabaseba y familia, Ñanbobikórai y familia y Ñandú y familia. (Castillo, 1989:200-205). Sólo los Barí salen de la piña amarilla y los otros seres, de las cenizas de Sibabió, De Sibabió también salieron animales, entre ellos burros, perros, gatos, gallinas, etc., y otros que viven en las selvas de Perijá: daba (tigre), erakbá (danta), sabaidakú (oso frontino), shidú (culebras), sukchi (cochino de monte), monos: barashi (cara blanca), bisui (cuchi cuchi), kichigba (cuchi cuchi rojo), kamaskodgá (araguatos). En la estructura del universo, para los Barí aparecen otros seres y otros espacios. Ñanbobikórai es con quien siempre conversa Sabaseba y los Basunchimba, son los muertos.

Estos seres sobrenaturales son intermediarios entre ellos (mundo interior) y la naturaleza (mundo exterior). Su visión del mundo es personalizada, antropocéntrica, y por lo tanto, indiferenciada; características, que según Douglas M. (1973) definen lo que es el hombre y la sociedad “primitiva” y por ende, las diferencia de las sociedades modernas.

Vivir en armonía y bajo los preceptos dejados por Sabaseba es el ideal social Barí. Fuera de este andamiaje de símbolos se da el desorden, la contaminación y la muerte. A partir de estas ideas se estructuran el espacio y el tiempo.

En la columna vertebral de este corte amerindio de la realidad, está la figura de Sabaseba. Con su llegada se configura el antes, el durante y el después, y por tanto, el ahora. Con su partida y de las cenizas de Sibabió, se llenan los espacios de significados y se origina el mal, pero al mismo tiempo los Barí se humanizan, se hacen hombres. Ya no tienen la presencia y la tutela directa de Sabaseba, quedan solos a su libre albedrío, son los males y sus males, ya no son los Saimadoyi, ahora son Barí, personas.